Querida familia de misaencasa.com:

Con gran alegría y gozo en el Señor agradecemos de corazón a su Eminencia el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, la bendición que nos ha hecho llegar a todos cuantos formamos parte de este proyecto tan único y especial. Pero ¿quiénes formamos parte de él?

Esta familia la formamos todos los que, unidos en el Corazón de Jesús, como hijos de una misma Iglesia y hermanos de un mismo Padre, somos partícipes del Pan de Cristo, que se nos ofrece cada día en el Calvario del altar, somos todos los que en la misa diaria reconocemos a Cristo vivo al partir el pan.

Por eso hoy damos gracias a todos los sacerdotes que cada día se asocian a la Redención de Cristo, dedicándonos su tiempo, su formación, catequesis, programas… y sobre todo concediéndonos el mayor milagro de la misericordia de Dios, la entrega de su Cuerpo y Sangre, en la mesa del altar. Toda su entrega hace de este confinamiento la mejor oportunidad que nos concede el Señor para seguir creciendo, aprendiendo, y caminando hacia la santidad bajo el cuidado y confortable compañía de esta gran familia.

Este agradecimiento también es para todos vosotros, quienes perseveráis junto a María al pie de la Cruz, ofreciendo vuestra vida y sufrimientos al Padre en cada celebración. Vuestra fidelidad y amor son los que dan vida a este caminar.

También, cómo no, es para aquellos que salís a los caminos para anunciar la alegría del Evangelio e impulsáis este proyecto a través de publicidad, medios, con vuestros trabajos, imágenes, dibujos, textos, y mucho más trabajo que se queda lo escondido.

Para ti, que visitas nuestra web, y la sustentas con tu oración, es este agradecimiento y bendición del Señor, a través del Cardenal Sarah

En definitiva esta bendición va para todos los que participamos de esta gran fiesta de este gran banquete, todos aquellos que VIVIMOS LA MISA! 

“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16, 15).

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (…) En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Rm 8, 35-37).

                                                   ¡Adelante!